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El
presidente Abraham Lincoln dijo una vez: "La fortaleza
de una nación está en los hogares de su gente".
Y cuanta razón tenía. Sin duda alguna la
familia es la columna vertebral de la sociedad. Como va
el hogar, va la sociedad y por ende la nación.
Es triste pensar que algunas familias no disfrutan a plenitud las bendiciones
de un hogar. Conozco jóvenes que manifiestan abiertamente que nunca tuvieron
un hogar. Y no es que no tienen una familia. Más bien es que al pensar
en ella sus recuerdos no son nada gratos. Tuvieron una casa pero no un hogar.
Y es que existen algunas diferencias entre la casa y el hogar.
La
casa es el lugar donde habitamos. La componen las paredes,
las puertas, las ventanas y todos los utensilios que en
ella hay. Pero el hogar está formado por las personas
y sus relaciones. El calor de un abrazo, el sentir de un
beso. Una bienvenida, un regaño, una caricia. El
hogar es la sonrisa del hijo(a), la ternura de la madre
o la bendición del padre.
La
casa se construye en un determinado lapso de tiempo empleando
paja, madera o ladrillo. El hogar se edifica día
a día con aquellos trocitos de ternura, de perdón,
de tolerancia. La casa es un "eso", el hogar
es un "nosotros". La casa es fría y sin
vida, el hogar es cálido y esperanzador.
Ni
en la casa y ni el hogar debe darse el abuso y las humillaciones.
El hogar no admite el maltrato, las vejaciones ni ningún
tipo de violencia, sea ésta física, verbal
o sicológica.
En la casa encontramos abrigo y protección para el cuerpo. El hogar
protege el alma y el espíritu, por tanto también al cuerpo. La
casa se relaciona con lo temporal, el hogar con lo eterno. La casa se puede
comprar; el hogar, el hogar no tiene precio.
Amable
lector o lectora, sin importar el rol que desempeñe
en estos momentos (hijo o hija, padre o madre, esposo o
esposa) le invito a esforzarse en aras de tener un mejor
hogar. Siempre hay lugar para mejorar lo que tenemos y
la familia bien vale todo esfuerzo.
Concluyo
con una anécdota que puede ilustrar la diferencia
entre casa y hogar.
-En cierta ocasión un niño caminaba solo por la calle a altas
horas de la noche. Un agente de la policía lo encontró y le preguntó por
qué estaba a esa hora por la calle. Él le contestó que
no deseaba volver a su casa, y se desarrolló el siguiente diálogo:
-¿Cómo te llamas? - preguntó el policía. -Hijo
del Diablo - contestó el niño.
-¿Cómo has dicho? ¿Dónde vives? - preguntó el
policía.
-En el infierno - contestó el muchacho. - ¿Quines son tus padres?
- preguntó el policía
-Sinvergüenza y canalla - contestó el niño.
El
policía le tomó de la mano y le dijo: "ven
llévame a tu casa, porque no puedo dejarte caminar
a estas horas por este lugar y no entiendo nada de lo que
me dices". Caminaron largo rato y llegaron cerca de
una casucha desde donde se oía una pelea entre dos
personas con las siguientes palabras: "Mira sinvergüenza, ¿dónde
está ese hijo del Diablo? "Canalla, yo no sé.
Lo único que puedo decirte es que salió temprano
de este infierno y aún no ha regresado y ojalá que
no vuelva más."
El policía se detuvo, contempló al niño con inmensa tristeza
y compasión. Aquella escena le reveló lo que hasta ese momento
no había comprendido.
Espero
que su hogar siempre disfrute de una casa y que en su casa
siempre haya un hogar.
Articulo
redactado por el Dr. Daniel Villa quien junto a su esposa
Naime dirige un proyecto de plantación de iglesias
en Seattle, Washington. Ambos ministran en conserjería
familiar y de parejas y son del equipo de oradores de FamilyLife.
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