| En
la convulsionada sociedad en la que vivimos el estrés
es cosa de todos los días. La desmesurada carrera hacia
el éxito, las presiones que impone el competitivo mundo
laboral, así como la ausencia de grupos de apoyo familiar
o comunitario, son algunas de sus fuentes. La lista se amplía
al pensar en los conflictos en el hogar, las dificultades
económicas, problemas con la condición migratoria,
los quebrantos físicos, las expectativas poco realistas
sobre uno mismo o sobre otros y un sin fin de males más.
Pero
¿qué es el estrés? "El estrés
es la respuesta no específica del cuerpo a cualquier
demanda por encina de los niveles normales".1
Esta condición nos afecta a todos sin importar edad,
sexo o condición social. Los grados moderados de estrés
son necesarios y nos motivan para avanzar por la vida y responder
a las demandas diarias. Pero no podemos vivir en un estado
de estrés permanente. Hay un viejo dicho griego que
expresa: "romperás el arco si lo mantienes tensado
todo el tiempo".
Es
necesario decir que la manera en que reaccionamos ante las
presiones de la vida varía de una persona a otra. Porque
no son las circunstancias que nos ocurren, en sí mismas,
las que causan la tensión, sino la manera en que las
interpretamos. De dos personas despedidas de sus empleos,
una se desespera al pensar en sus compromisos, mientras que
la otra dice - perdí este trabajo, de seguro me está
esperando otro mejor- y sale a buscarlo. Como vemos no es
el hecho en sí, sino la manera en que lo percibimos
lo que más nos afecta. La actitud mental con que enfrentemos
la vida es determinante.
El
estrés afecta la salud de la familia. Es muy difícil
padecer de estrés sin que otros lo padezcan. El portador
o portadora lo esparce. Con frecuencia llevamos a la casa
el estrés del trabajo o de la calle y hacemos que el
cónyuge o los hijos paguen por situaciones que le son
ajenas. La relación sexual también se afecta
con el estrés reduciéndose su calidad como su
cantidad. El hombre y la mujer tienen formas distintas de
responder al estrés. El hombre tiende a: alejarse,
refunfuñar y encerrarse en sí mismo. La mujer,
con frecuencia, interpreta ese comportamiento masculino como
falta de amor hacia ella y piensa que su relación está
en peligro. Pero es simplemente la reacción masculina
al estrés. Los síntomas en la mujer son: agobio,
reacciones exagerada por cosa pequeñas y el agotamiento
en sí. El hombre en lugar de brindar apoyo a la mujer
perturbada se enfurece por que ella está molesta. Esta
incomprensión de ambos cónyuges agrava la situación.2
¿Cómo
podemos ganarle la batalla al estrés? He aquí
una lista de algunas de las acciones que aconsejan los facultativos:
-
Mantenga una rutina de ejercicios.
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Enfrente los problemas con actitud positiva.
-
No se comprometa más de lo que pueda.
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Aprenda a decir no.
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Busque apoyo emocional.
-
Adquiera una mascota.
-
Salga de pesca o de paseo.
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Ríase.
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Lea un buen libro.
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Intégrese a la comunidad.
-
Motívese con metas alcanzables.
-
Ore.
-
Cuide sus pies.
-
Use su creatividad.
-
Fomente y disfrute las amistades.
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Reduzca las preocupaciones.
-
Visite la iglesia.
-
Disfrute junto a su familia.
Practíquelo
y verá los resultados...
Articulo
redactado por el Dr. Daniel Villa quien junto a su esposa
Naime dirige un proyecto de plantación de iglesias
en Seattle, Washington. Ambos ministran en conserjería
familiar y de parejas y son del equipo de oradores de FamilyLife.
1 Dr. Keith Sehner. Stress/Unstress.
2 John Gray. Martes y Venus hacen las paces.
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